Y el Cielo Cantó para Mí. La música como un hermoso lenguaje de comunicación (I). Close Encounters of the Third Kind (John Williams).
Artículo sobre música y comunicación. En torno a la película "Encuentros en la Tercera Fase" ("Close Encounters of the Third Kind"), música de John Williams y dirección de Steven Spielberg.
MÚSICACINEBANDA SONORA


Y el Cielo Cantó para Mí
La música como un hermoso lenguaje de comunicación (I).
La más sencilla y efectiva herramienta para el encuentro... Close Encounters of the Third Kind (John Williams).
Jesús Pérez
Jugando un poco con la frase original (“El Sol salió anoche y me cantó”) de la película cuya banda sonora nos ocupa, hemos confeccionado el título de esta sección dedicada a compartir experiencias al otro lado de los instrumentos musicales(1). Experiencias, sensaciones, reflexiones… que nos ha producido la audición y disfrute de determinadas obras siendo por ello que no pretendemos hacer un análisis científico sino más bien abrir una vía, una puerta de comunicación que permita el flujo de esas mismas sensaciones y reflexiones, una ventana al corazón musical de cada uno de nosotros.
El matrimonio entre la música y el cine es algo que no nos suena extraño. Antes bien, al contrario, sí que nos chocaría una película o serie sin música. Es más, en el cine, primero fue la música; luego la voz. Música interpretada o reproducida mientras una película muda se proyectaba en la pantalla. En la mayoría de los casos, la música acompaña a la película realzando y reforzando el contenido de las escenas, e, incluso, dándole contenido pues no significaría lo mismo la más terrorífica de las escenas con una música cómica que con una música tensa. En el primer caso podría llegar a tratarse de una parodia de las películas de terror… y tan sólo hemos cambiado la música. En algunas ocasiones las películas son musicales con mayor o menor predominio de la música sobre los diálogos (cabe citar de ejemplos, entre tantos y tantos, a un lado Les Misérables o Jesus Christ Superstar y al otro Grease o Singin’ in the Rain), en otras ocasiones tratan explícitamente temas musicales como por ejemplo la dura Whiplash o la más (engañosamente) dulce La La Land, ambas bandas sonoras firmadas por un Justin Hurwitz soberbio y totalmente recomendables por cierto. Algunas recurren a la música para hablar con mayor o menor acierto de otras cosas como así sucede en High Fidelity o Swing Kids… Pero luego están las otras, aquellas que nos rompen los esquemas anteriores, y entre ellas hoy queremos hablar de una película, una banda sonora, en la que la música trasciende a la misma música como expresión artística para metamorfosearse en un puente, en un bello lenguaje para comunicar dos especies diferentes.
Con la película Close Encounters of the Third Kind (1977) el gran cineasta Steven Spielberg firma una cinta que nos habla de relaciones, relaciones entre el ser humano que habita en este planeta y el ser humano que viene de las estrellas. De relaciones y de cómo se comunicarían esas dos especies dado que, más que no compartir el mismo lenguaje, es evidente que por su diferencia evolutiva no comparten muchas más cosas y ya sabemos que, como seres conceptuales que somos, podríamos terminar viendo nubes donde en realidad hay velas… Por lo tanto, la especie más evolucionada elige un sistema de comunicación no tecnológico; vamos que nada de enviarnos mensajitos por radio desde el espacio como en tantas y tantas pelis baratas…, sino que recurren a lo más básico; usarán la atmósfera de nuestro planeta como medio de transmisión de ondas sonoras y nuestras orejitas (que ya nos vienen pegadas de nacimiento y por lo tanto tenemos la costumbre de utilizar) como los receptores… y listo. Bueno, claro, falta el cerebro, como gran intérprete de estímulos electroquímicos, el cual se da por sentado y en disposición de uso por no se qué extraña presunción alienígena, que traduzca cinco notitas musicales en coordenadas para un contacto et… voilà!. Ah bueno, sí, se me olvidaba; también aparecen en la peli los “raritos”, los “zumbaos” que reciben el mensaje; porque todos lo oyen (son muchos los llamados), pero casi ninguno, por esta o aquella razón, hace caso (pocos son los elegidos)…
Y hete aquí que va el Spielberg ese y elige como compositor de la banda sonora de esta película al maestro John Williams con el que previamente había trabajado en Jaws y no lo hace por casualidad precisamente. John Williams aparte de un genio capaz de usar las secciones de una orquesta de una forma increíble, llevándonos en brazos desde algunos de los momentos más épicos musicalmente hablando de la historia del cine (Superman, Star Wars,…), hasta algunos de los momentos más íntimos y emotivos, también musicalmente hablando, como en For Allways,… pues que aparte de eso, es capaz el tío, con tan sólo dos notas alternadas (tema de Jaws), de pasar a la historia de los grandes compositores de bandas sonoras; lo que lo convertía en la persona ideal ideal para condensar un mensaje extraterrestre en tan sólo cinco de ellas (las cinco notitas famosas con que los extraterrestres enviaban un mensaje, más bien la información para un encuentro, a los habitantes de este planeta).
Sensaciones, muchas, son las que produce esta música maravillosa y conste que ya desde el comienzo, desde su primer tema Opening: Let There Be Light nos ha advertido en sus escasos 47 segundos de duración, y el que avisa no es traidor, que nos agarremos que vienen curvas. Desde las desasosegantes y opresivas sensaciones que podemos encontrar en Barry’s Kidnapping con una escena donde la lechosa luz, tan sólida que podría cortarse con un cuchillo, los animados juguetes y los tornillos que se aflojan aparentemente solos, se contraponen a un niño que busca incesantemente, irrefrenablemente, irracionalmente, ir hacia esa luz. Niño que no se puede detener porque si bien no es el primer llamado, sí que ha sido buscado expresamente (o, al menos alguien de su edad, sólo… que él contestó). Tema de la infancia, de la inocencia, que en Spielberg se repite una y otra vez; baste recordar ET donde la cámara parecía mirar con buenos ojos casi tan sólo a los niños, baste recordar Inteligencia Artificial donde el robot que quería ser humano era, como no, un niño… y esta es precisamente una de las ideas clave de este gran cineasta: ante los otros humanos, esos que caminan ya por las estrellas… nosotros no somos más que niños. La cinta continúa entre descubrimientos, búsqueda personal, elecciones arriesgadas, rompimientos familiares, huidas, persecuciones y ascensiones por un monte fumigados como insectos, hasta el momento en que, musicalmente, se comunican dos especies diferentes con un alucinante diálogo instrumental… pero permítaseme dejar esto para que aquellas personas que nos leen lo descubran por ellas mismas y demos un salto al último tema; ese titulado The Visitors/Bye/End Titles en el cual Williams nos lleva desde la presentación de los visitantes de las estrellas, con esas primeras impresiones llenas de caos, tensión e incertidumbre, pasando por unos momentos de febril delirio de las cuerdas para, tras un crescendo seguido de un forte súbito, ir creando un nuevo orden no exento aún de terror ante lo desconocido y es entonces, justo entonces, cuando los trinos de los instrumentos de viento señalan un nuevo amanecer para la humanidad; por el momento debatiéndose entre resistencias y temores pero donde poco a poco podemos percibir el Sol elevándose tras el horizonte, la melodía firme y amorosa tras la inseguridad inicial. Amorosos brazos maternales extendidos por la especie más evolucionada que nos rodean con firmes y expansivos movimientos, como si en una imaginaria cuna nos mecieran llevando a los pioneros terrícolas en un viaje más allá del actual conocimiento. Explosión orquestal final que nos une gracias a un fino y mágico hilo al tema de la película Pinocchio (Leigh Harline). Pinocchio, el muñeco de madera que soñaba con ser de carne y hueso, el niño que ansiaba crecer, el homo sapiens sapiens que aspiraba a ser universal, a ser humano.
Jesús Pérez, 20230102
Publicado en Nossomos nro. 0
Anexo
En honor a Ennio Morricone
Este pequeño anexo en homenaje a Ennio Morricone fue publicado en la revista Nossomos en 2023. Queremos incluirlo aquí como complemento al artículo de Close Encounters of the Third Kind debido a la gran capacidad de este compositor parar comunicar, transmitir situaciones, paisajes, sensaciones… como muy pocos lo han sido. Sugerimos al lector que acuda a las obras en estas breves líneas señaladas para profundizar en la comprensión tanto de la música como lenguaje de comunicación, como de la obra de un gran compositor.
Moment for Morricone, la pieza que la Banda de la Escuela de Música de Rianxo estuvo interpretando la pasada temporada (2022), es un medley basado en cinco temas de Ennio Morricone que allá por el año 1980 arregló Johan de Meij, temas que pertenecen a dos bandas sonoras de películas del Oeste Norteamericano dirigidas por Sergio Leone, como son Once Upon a Time in the West y The Good, the Bad and the Ugly. Nacido en 1928 y habiendo elegido la trompeta como su principal instrumento puede ser considerado uno de los grandes compositores y arreglistas de música de películas y series de todos los tiempos. Compuso la música de más de 500 series y películas e hizo muchos arreglos y adaptaciones. Estudió trombón y dirección en el Conservatorio Real de La Haya.
Entre sus composiciones las más conocidas son las bandas sonoras de películas del Oeste y, especialmente, la denominada trilogía del dólar, esto es Per un pugno di dolari (1964), Per qualche dollari in più (1965) e Il buono, il bruto, il cattivo (1966). Sin embargo, si tenemos la osadía de otear el horizonte, bajar del caballo y alejarnos del salvaje oeste, descubriremos a un Ennio Morricone mucho más rico. Desde la banda sonora de la, comprometida políticamente, película La battaglia di Algeri, partitura firmada conjuntamente por nuestro Morricone y Gillo Pontecorvo y cinta que desde estas humildes páginas recomendamos para una sesión de cinefórum; o las tres bandas sonoras, hermosos cuadros musicales, que nos transmiten la magnéticamente calida magia del desierto con temas como Saharan Dream, Secret of the Sahara, Il Principe del Deserto, Il Deserto dei Tartari,… etc etc etc. Aunque parecería obligado, no vamos a hablar de las altamente conocidas Cinema Paradiso, La Misión, The Untouchables, Once Upon a Time in America… No lo haremos; en su lugar vamos a recomendar otra banda sonora de peli de cinefórum: Novecento, la terrorífica The Thing, la bellísima La Califfa (toda ella), las sensuales Canone Inverso o La Notte e Il Momento, la increíble Nostromo, y hala, porque se nos antoja y nos toca la venita musical The Legend of 1900 con sus tintes jazzísticos. Pero no queremos quedarnos en bandas sonoras y, para terminar, y terminar malamente pues el gran Ennio merece mucho más que estas líneas, os dejamos con una recomendación especial que no es otra que el disco Chamber Music con el que podréis disfrutar de ese otro, que no es otro que él mismo…. Ennio Morricone.
Jesús Pérez, 20230102
Publicado en Nossomos nro. 0
Notas:
